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Un comienzo entre pinceles y vidrieras de Álex Francia

El olor a madera recién cortada, las virutas en el taller y la luz filtrándose por vidrieras de colores fueron el paisaje de la infancia de Álex Francia. No nació en un estudio de arquitectura ni en una escuela de diseño, sino en el taller de su padre, pintor y artesano del vidrio. Allí, entre encargos de arquitectos e interioristas, descubrió que los espacios podían contar historias, que el arte podía convertirse en refugio, y que el oficio de transformar lo cotidiano en algo extraordinario era, en realidad, un modo de vida.

“Mi padre era pintor y artesano del vidrio. Tenía una cristalería donde hacía vidrieras artísticas y trabajaba con arquitectos e interioristas. Ese fue mi primer contacto con este mundo. Desde pequeño me vinculé al arte gracias a él, y hoy sigo pintando y dibujando”, recuerda.

No hay mejor ejemplo de vocación que esa semilla que se planta en la infancia y que, pese a los cambios, nunca se apaga.

La formación de un interiorista

El camino académico de Álex fue, en cierto modo, una prolongación natural de aquella infancia. Primero, en la Escuela de Artes y Oficios de Logroño, donde obtuvo el título en Artes Aplicadas y Oficios Artísticos en la rama de decoración y publicidad. Después, dio un paso hacia el diseño de espacios con El Consejo de Arquitectura de Interiores EGIA, donde obtuvo el certificado de Arquitecto de Interiores y donde hoy sigue vinculado como miembro.

También soy miembro activo del Colegio Oficial de Decoradores y Diseñadores de Bizkaia (CODDB), donde ocupe el cargo de la vicepresidencia durante unos años.

Pero su formación no se detuvo ahí. Con la llegada de los grados universitarios, se trasladó a Madrid para completar cuatro años de estudio intensivo que culminaron en 2015 con la obtención del título oficial de Diseño de Interiores. Paralelamente, obtuvo un grado privado en Arquitectura de Interiores.

Lejos de conformarse, siguió apostando por la actualización. En 2024 cursó un máster de Inteligencia Artificial aplicada al interiorismo, y en 2025 finalizo un máster empresarial para estudios de Interiorismo y arquitectura.

“Siempre me he seguido formando”, admite. “La arquitectura de interiores no es una disciplina estática, evoluciona, se cruza con la tecnología, con la gestión empresarial, con la psicología del cliente. Si no te adaptas, te quedas atrás”.

Primeros pasos: de la casa al estudio de Álex Francia

La carrera profesional de Álex Francia no comenzó bajo el amparo de un gran despacho ni en las oficinas de un arquitecto reconocido. Sus primeros pasos fueron independientes y arriesgados.

“Nunca trabajé para otros estudios”, confiesa. “Empecé con un compañero de clase y nuestro primer proyecto fue el bar H2O en Deusto, Bilbao, bastante emblemático en su época. Los primeros cinco años trabajé desde casa, compaginando con la empresa de mi padre. En el 2000 compré mi propio estudio y en 2017 me puse a pie de calle con un showroom. Siempre he trabajado solo”.

Ese primer proyecto, un bar en Bilbao, marcó la pauta de lo que sería una carrera caracterizada por la diversidad y la versatilidad. Desde hostelería hasta clínicas dentales, desde oficinas hasta hoteles, pasando por viviendas privadas y locales comerciales.

Filosofía de trabajo: escuchar antes que imponer

En un sector donde abundan las figuras egocéntricas, Álex ha defendido siempre una filosofía contraria: la escucha activa.

“Un interiorista debe entender las necesidades del cliente y dejar de lado sus egos personales. El error es diseñar para ti mismo en vez de para el cliente”, explica.

Para Álex, cada cliente llega con ilusión, pero también con miedo: miedo a los sobrecostes, a los retrasos, a equivocarse en las decisiones. Su papel no es solo diseñar un espacio bello, sino acompañar al cliente para que ese camino sea seguro, claro y sin sobresaltos. Escuchar y traducir esas preocupaciones en soluciones es lo que da sentido a su profesión.

Una trayectoria aventurera

Si tuviera que definir su carrera en una sola palabra, Álex lo tiene claro: “Aventurera”.

“He hecho de todo: hostelería, oficinas, clínicas, loterías, fruterías, supermercados, hoteles, residencial… Quizá debería haberme especializado, pero no me arrepiento. Eso me ha dado experiencia y conocimiento”.

Dentro de esa aventura, los proyectos de hostelería ocupan un lugar especial en su memoria. “Son un escaparate fundamental para un profesional. La gente los ve, los vive, los comparte. Aunque al final, a todos los proyectos les coges cariño”.

Constancia frente a las dificultades

No hay carrera de más de treinta años sin momentos de duda.

“Siempre lo piensas cuando algo va mal, pero nunca tiré la toalla. Me ha mantenido la constancia, el amor por mi profesión y el apoyo de mi familia”.

Esa constancia ha sido clave para atravesar crisis económicas, cambios de tendencia y una competencia feroz.

Y si pudiera viajar en el tiempo para hablar con el Álex de hace tres décadas, sería contundente: “Que se deje de utopías. No se vive de fantasías. Además de interiorista, eres empresario. Me costó años entenderlo. Un proyecto puede darte beneficios o arruinarte. Tienes que pensar siempre en tu empresa y tu futuro”.

La relación con los clientes: sinceridad y cercanía

En un mundo donde a menudo se promete lo imposible, Álex reivindica la importancia de la sinceridad.

“Siempre me reúno con los clientes desde el principio, escucho, marcos presupuestos reales y soy sincero. No se puede prometer lo imposible: con 20.000 € no haces una reforma integral. Es mejor abrirle los ojos al cliente y decirle qué se puede conseguir con ese dinero”.

Su metodología no se centra en imponer estilos, sino en generar confianza. Sabe que una reforma es un proceso que puede generar estrés y dudas. Por eso mantiene siempre una comunicación constante, explica cada paso, anticipa problemas y ofrece alternativas reales. Esa cercanía es la que convierte un proceso complejo en una experiencia positiva.

relación trabajador

La tecnología como aliada

Álex comenzó dibujando a mano, pasó después al CAD y hoy incorpora la inteligencia artificial como herramienta de apoyo.

“La IA no ha cambiado mi forma de diseñar, pero sí me ha facilitado mucho. Me ayuda como inspiración y apoyo cuando me quedo en blanco”.

No se trata de sustituir al profesional, aclara, sino de ofrecer un recurso creativo más en un campo que exige innovación continua.

El presente: elegir proyectos

Después de más de treinta años de carrera, Álex se encuentra en un punto de madurez que le permite elegir.

“Ya no cojo trabajos que no me llenen o no sean compatibles conmigo. Después de todo este recorrido, me puedo permitir seleccionar a mis clientes y proyectos”.

Un privilegio que no llega por casualidad, sino por un largo recorrido de constancia y adaptación.

El futuro del interiorismo

El sector en el que Álex ha crecido y trabajado ha cambiado de manera radical. Lo que en los años 90 era casi un lujo reservado a pocos, hoy empieza a democratizarse.

“Antes, contratar un interiorista era algo exclusivo para clientes de alto poder adquisitivo. Hoy empieza a democratizarse. Cada vez más gente entiende que pagar un interiorista está bien, porque te ahorra problemas, organiza gremios, da soluciones y convierte tus ideas en algo tangible. Aún queda camino, pero el futuro es que sea accesible para todos, no solo para unos pocos”.

Álex defiende que el interiorismo tiene que dejar de ser un lujo. “Mucha gente piensa que contratar a un interiorista encarece el proyecto, pero en realidad lo que hago es ahorrarles dinero, tiempo y dolores de cabeza. Coordino gremios, evito errores y aporto soluciones que de otra forma serían difíciles de encontrar. Esa es mi misión: que el cliente disfrute del proceso y viva su casa sin miedos ni dudas”.

Treinta años después de Álex Francia…

Treinta años después de aquel bar en Deusto, Álex Francia sigue sentado frente a un papel —o una pantalla— buscando la mejor manera de transformar un espacio en un lugar habitable, bello y funcional.

Su trayectoria es, en muchos sentidos, la historia de una profesión: la de un oficio que ha pasado de la exclusividad al acceso más generalizado; de los planos a mano a la inteligencia artificial; de los egos desmesurados a una visión más empática y realista.

Lo que no ha cambiado es la esencia: el interiorismo como arte de escuchar, comprender y materializar los sueños de los demás.

“He aprendido que no se trata de imponer tu visión, sino de dar forma a la de los clientes. Al final, no diseñamos para nosotros, diseñamos para ellos”.